¿Sabes que llevas mi mano pintada a tu garganta, a la tensa indiferencia de tus cuerdas vocales?
Al otro lado de la distancia, en la orilla distinta del destierro.
Vienen tus sonidos volando indecibles en la aurora y me paso todo el día en el trabajo lento de su interpretación.
Detenidamente, en el fragor de la sinestesia conjurada, las notas confusas de tu voz van volviéndose pigmento, textura. Luego alimento, para mi insana tarea.
Otros traen a la vida monstruos cosidos con restos de piel, imaginados desde fragmentos humanos.
Yo en cambio, me he dado a la misión de traerte otra vez a mi lado, zurciendo retazos de tus palabras, restos sonoros de tu presencia en descomposición.
Es un engendro, lo sé, pero ya no puedo dar marcha atrás. Estoy atrapada por mi propia creación.
He jugado a dios y cada noche resulto exhausta, pero recibo el favor divino de desvanecerme en la oscuridad, con la boca golosamente manchada de tus palabras.
(2006)
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