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Cubierto y lluvia

La lluvia explota furiosa desde la inmensidad gris y anónima del cielo. Desaparecidos el arriba, el abajo, todo son líneas transparentes y verticales que rasguñan el paisaje.

En medio del agua, achurado en el plano espacial de la ciudad, Santiago llena con gotas los bolsillos rotos de su chaqueta.

Agua su rostro y su barba.

Líquido su pecho, su espíritu, su dignidad ahora indigente.

Fluido atmosférico, climático, estacional que vuelve a Santiago translúcido.

Él amaba el invierno, adoraba jugar en los charcos, mojar sus zapatos y dejarse llevar por la melodía intensa del agua a chubascos.

Hoy es distinto, hoy a Santiago, le llueve sobre mojado.

Fotografía DelOlmo

Rasgo irregular

En la reserva de la noche, Inés garabatea la servilleta de la cena.

Él apagó la luz del dormitorio hace sólo algunos segundos pero su respiración ya se puso lenta y gruesa. Se fue otra vez, tiene formas tan singulares de escaparse, de evadirse.

E Inés, en silencio, agazapada en el invierno de esta noche, garabatea hasta des-ha-cer la servilleta de la cena.

Imagen de Judamasmas

Haciendo escuela

Mónica tiene muchas voces.

Gruesas y nostálgicas algunas, como de otros tiempos; frescas a veces también, como el suspiro del invierno al llegar la primavera sobre los árboles del Ingenio.

Tiene voces severas que te toman por los hombros con la fuerza de la tierra que se remece. O voz de nido, de chimenea crepitando, de vino oscuro que te entibia los anhelos.

A veces se le salen de sus casillas y otras cuentan chistes, hacen preguntas, hacen encargos.

Mujer de voz propia pero también mujer escuela. Porque no sólo de levantar la voz se trata su historia.

Mónica es voz de muchas voces que se han formado a favor y en contra de sus vientos, a favor y en contra de su corriente, en las profundidades fértiles de sus tierras o sobrevolándola inquietantes y precavidas.

Nombre propio y continente a la vez, de todos quienes aprendimos a sacar la voz entre sus letras.

Feliz Cumpleaños Mónica

Mandala de Peggy Mintun

Vida de porcelana

Soy una muñeca de porcelana instalada en el olvido del último estante. En algún momento fui el centro de todo un imaginario lúdico, pero esos eran otros tiempos.

Tuve muchos vestidos distintos, unos de tules, otros de vuelos, mi rostro fue bello, con dos manchas rosadas como pómulos regordetes, pelo de frondoso y brillante negro, labios púrpura y ojos cándidos pintados a mano.

Recuerdo muy bien el color bermellón de mis zapatitos, porque esos siempre fueron los mismos. Cuando sea grande -pensé muchas veces- seré bailarina y en un escenario resplandeciente me pondré de puntillas y bailaré hasta perder la compostura rígida de mi rostro.

Soy una muñeca de porcelana caída en desgracia, en algún momento creí que estaba viva, pero esos eran otros tiempos.

La aventura del héroe

Celeste está lista. Cierra la puerta de su casa vieja, limpia el polvo anquilosado en su vestido y arregla un mechón de su cabello en un fragmento del vidrio de la ventana.

El equipaje es liviano, poco le queda de lo que fue y ahora sólo llena la maleta de sueños. Lleva en el sombrero, entretejidas con flores y aventuras, las ilusiones y las promesas de la madurez.

Está lista. Cierra los ojos a los recuerdos que han escrito su pasado, limpia su frente de antiguos augurios y arregla los miedos para que no ocupen tanto lugar. Los sueños que firmes anuncian el futuro, también los lleva, pero sabe con certeza que sólo el ahora es lo que existe.

Celeste viaja de la niña que había venido siendo, a la mujer en la que se quiere convertir. Y con ella el ser humano hace el tránsito hacia su más honesta humanidad.

Zoológico

En la esquina de Los Leones con El Aguilucho, diez palomas sentadas pacientemente sobre un gran semáforo, esperan la luz verde para emprender el vuelo.

Escultura pública de Dempsy R. Calhoun

Detalle y fragmento

Luisa fue asistente social en la época en que todavía no había Internet, mucho antes incluso. Para el terrible terremoto del 39 en Chillán, estuvo a cargo, con otras mujeres como ella, de recibir a las personas que llegaban en ataditos de tela hasta la Estación Central de Santiago.

En el día, y durante muchos días, en un cuaderno verde anotaba la información violácea que los que llegaban podían dar. La tinta manchaba sus dedos de memoria y miedo.

Nombres sueltos, datos fragmentados, cáscaras, historias, ojos magullados y en silencio, de los que venían, de los que habían quedado y de los que no se sabía nada.

En la noche, y durante muchas noches, Luisa en el silencio del insomnio y la vela, se dedicaba a reconstruir familias en el cuaderno verde, manchado de tinta y vida que aún latía.

Imagen: Mosaico de Fragmentos

Bibliografía

Xristián es el alma de los libros. Sí, él tiene muebles llenos de libros que hablan a través de él.

Pero no sólo tiene libros colgando de las paredes, también los tiene dentro de la cabeza y de todo el cuerpo. Los tiene dentro de los pensamientos y de las emociones, tiene los poros abiertos de palabras.

Los libros respiran a través de él.

Y Xristián sólo quiere escribir un libro, el gran libro. Pero no puede, no debe y él lo sabe, porque todos los libros del mundo hablan a través de él. Sólo así se mantiene el delicado equilibrio entre amor y conocimiento. Y él lo sabe.

Porque Xristián es el alma de los libros, los hace palpitar, los vuelve a crear, hablan de nuevo, como nuevos, a través de él. Y lo hace con tanta gracia.

Collage de Cynthia Bauer

Llega el día

Blanca se despertó como a las nueve.
Era tarde para tomar la micro, tarde para llegar al trabajo, tarde para marcar tarjeta.

Y aunque era extraño en ella, no estaba sobresaltada, no salió corriendo agitada por el miedo y esa sensación le gustó.

Preparó café con leche y pan con paté. Después limpió la guitarra cuidadosamente, afinó sus cuerdas y se sintió satisfecha del sonido. Sabía que era vieja y no podía exigirle más.

Esa mañana no amaneció cansada del trabajo, el horario, la rutina, no; amaneció decidida a no esperar más tener plata, tener tiempo, tener una oportunidad, había despertado con las ganas, con el impulso vital necesario para vivir de la música y eso le bastó.

Como a las doce se paró sola en el paradero. Pasó una micro, pasaron dos. Para la tercera se había sumado un escolar y el enorme vehículo articulado se detuvo solo. Era la señal.

Blanca levantó la guitarra y se subió con el corazón marcando el ritmo. Cantó “El amor después del amor” de Fito y juntó 500.

Y en cada palabra entonada, cada nota que hacía vibrar su espíritu, ella sabía que iba la fuerza para mantener la decisión que estaba tomando.

Collage Cynthia Bauer

Taciturno

Efraín no entendió cuando al llegar, no la encontró en pijama sino sentada en las escalinatas de la entrada, con las piernas adormecidas sobre la maleta.

No entendió al darle un beso y resbalarse a lo ancho de su mejilla aguada. Tampoco intuyó que algo andaba mal cuando entró a la casa y un sólo plato de comida se había enfriado sobre la mesa.

Llegó el taxi, el perro ladró, y Efraín permaneció para siempre ignorando que ella lo había dejado.

Collage de Cynthia Bauer