El Golem

•Septiembre 1, 2008 • Dejar un comentario

¿Sabes que llevas mi mano pintada a tu garganta, a la tensa indiferencia de tus cuerdas vocales?
Al otro lado de la distancia, en la orilla distinta del destierro.

Vienen tus sonidos volando indecibles en la aurora y me paso todo el día en el trabajo lento de su interpretación.

Detenidamente, en el fragor de la sinestesia conjurada, las notas confusas de tu voz van volviéndose pigmento, textura. Luego alimento, para mi insana tarea.

Otros traen a la vida monstruos cosidos con restos de piel, imaginados desde fragmentos humanos.

Yo en cambio, me he dado a la misión de traerte otra vez a mi lado, zurciendo retazos de tus palabras, restos sonoros de tu presencia en descomposición.

Es un engendro, lo sé, pero ya no puedo dar marcha atrás. Estoy atrapada por mi propia creación.

He jugado a dios y cada noche resulto exhausta, pero recibo el favor divino de desvanecerme en la oscuridad, con la boca golosamente manchada de tus palabras.

(2006)

(c) Imagen

Calvo

•Agosto 28, 2008 • Dejar un comentario

Soñé que el viento del otoño se llevaba mi cabello. Desperté y era cierto.

Mi cabeza era ahora brillante y redonda.

En invierno la cuidaré de las heladas con un sombrero -pensé- en primavera ya se verán los primeros brotes, y en verano ¿se me caerá de madura?

Fotografía de John Paul Gardner

La Hablante

•Agosto 21, 2008 • Dejar un comentario

No con los ojos, no con la boca, no con el rostro. No, Viviana habla con las manos.

De sus dedos brotan una a una las letras construyendo inmensas constelaciones verbales. Escucharla es ser testigo de un vuelo literario. Los significados emergen modelados en la arcilla transparente del aire, cuidadosamente por sus dedos expresivos. Me gusta observar a Viviana mientras habla, dejarme acariciar por los movimientos verbales de sus brazos. Ella cuenta sus historias como volando, como pintando, como amasando.

Cuando está en silencio parece insignificante, diminuta, sus brazos se cruzan sobre sus faldas en un candado de palabras mudas, pero es tan diferente cuando se entrega generosa a la conversación, entonces sus manos vuelven a la vida y Viviana se llena de voz.

Fotografía de Douglas Beasley

Olimpiadas

•Agosto 11, 2008 • Dejar un comentario

El pequeño Liu alcanzó apenas a ver en el televisor la imagen brillante de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing mientras volvía del baño.

Él vive muy lejos de esas luces, en un pueblo en el que ya nadie sonríe hace tiempo. Por eso le gustaron tanto los colores y la música que escuchó en el aparato.

Cuando terminó de trabajar le dolían las manos como siempre, pero esa noche soñó que uno de los deportistas que sabía visitaban su país en esos días, ganaba el premio mayor calzando unas zapatillas que él había cocido con sus propias manos.

El valor de la palabra

•Agosto 4, 2008 • Dejar un comentario

Francisca es vehemente y transita como las hadas, entre las cosas del honor y las del humor. Es diestra en el lenguaje y fecunda en la imaginación efervescente. Ella ha cultivado el talento de percibir la tinta con la que estamos escritos y ha ido rescatando los rituales ancestrales, que nos permiten ir volviéndonos humanos a través de nuestras propias formas de decirnos.

Francisca es guardiana del verdadero valor de las palabras. El valor como utilidad, pero también como cualidad, como significación e importancia. El valor como osadía y hasta desvergüenza, fuerza, firmeza y virtud.

El valor para enhebrar poéticamente la vida desvelando la riqueza más honesta de cada vocablo. La palabra que es útil, precisa, necesaria. Pero también la palabra justa, verdadera, exigente. La palabra resuelta y creativa que tiene la fuerza inconmensurable de la vida germinando.

Francisca es heredera de esa estirpe inicial que tuvo el arrojo de transmutar el silencio en voz y con eso, la inspiración literaria para empezar a decir nuestra historia con palabras propias.

Invertebrados

•Julio 22, 2008 • 1 comentario

Entre Las Arañas y Los Grillos

hay otra calle de asfalto enorme, pero con nombre de hombre.

Cada día la cruza a pie el gallardo cienpés

para ir hasta la casa de su enamorada la babosa.

Ella a cambio cada tarde, su puerta le decora

firmando un verso brillante con su baba de escritora.

Fotografía de Ximenerd

Hierbatera

•Julio 13, 2008 • Dejar un comentario

Teresa es heredera del espíritu de las plantas y sabe hacer de una infusión un ritual poético.
La hierba flota verde y carnosa en el aguámbar, agigantada en la transparencia del tazón.
El brebaje de Teresa quema en los labios, quema en la garganta y quema un poco también en el alma.
Ella sabe reconocer el primer guiño de ese dolor dulce.
Deje que prenda -dice entonces– porque a medida que le arde hacia adentro, así también le va sanando.

Imagen de Trevor Brown

Poesía

•Julio 9, 2008 • 3 comentarios

Los versos se escribieron fríos, envueltos en el vapor blanco de la aurora de julio. Justo en mitad del invierno, justo en medio del amanecer, él pronunció las últimas palabras que le diría a ella.

Fueron palabras heladas, dibujadas desde los labios.

Ella ya no estaba ahí para escucharlas, en realidad, ella no había venido y por eso él se las dedicaba ahora. Sin más consideraciones al fin, expresó deletreando sus heridas, marcó las pausas, los ritmos, los detalles, construyó de hielo los versos de la despedida y luego se marchó.

La ciudad despertó escarchada una hora después , por todas partes habían fragmentos de poesía y dolor.

Nombrar

•Julio 6, 2008 • Dejar un comentario

Pensamiento, así la nombraron sus padres.

A su madre le gustaba la flor, le gustaba la idea de que su hija llevara la primavera precediendo los apellidos familiares.

Cuando la llevaba todavía dentro y la sentía latir tibia en las tardes, la madre imaginaba el rostro no nato, fantaseaba con la promesa de la sonrisa desdentada y la boca aprisionando su pezón nutritivo, pensaba en la melodía que debía tener el nombre, en la articulación delicada que debía configurar palabra, rostro e identidad.

Dos días antes del parto, la madre soñó el alumbramiento. Corría desnuda y preñada, liviana y perfumada a través de un jardín desbordante de pensamientos. El aire tenía el olor de las flores, fragante, aunque ella sabía con certeza que se trataba de flores inodoras. Fue la señal.

Cuando Pensamiento llegó a sus brazos después de 12 debilitantes horas de labor, la madre sabía perfectamente cómo se llamaría su hija, lo supo por su olor.

La niña nació frágil, quebradiza. Los doctores auguraron que sería flor sólo de temporada. La madre guardó silencio y recordó su sueño.

La boca vencida de su hija nunca aprisionó la teta y hasta hoy desprende incontinente la saliva que la madre seca constante y delicadamente.

Sin embargo, cuando le canta despacito en el oído, los ojos de Pensamiento se ponen fijos y alertas, y la madre sabe que hizo bien en nombrarla así, porque ella sólo hace honor a su nombre.

Cubierto y lluvia

•Junio 18, 2008 • 2 comentarios

La lluvia explota furiosa desde la inmensidad gris y anónima del cielo. Desaparecidos el arriba, el abajo, todo son líneas transparentes y verticales que rasguñan el paisaje.

En medio del agua, achurado en el plano espacial de la ciudad, Santiago llena con gotas los bolsillos rotos de su chaqueta.

Agua su rostro y su barba.

Líquido su pecho, su espíritu, su dignidad ahora indigente.

Fluido atmosférico, climático, estacional que vuelve a Santiago translúcido.

Él amaba el invierno, adoraba jugar en los charcos, mojar sus zapatos y dejarse llevar por la melodía intensa del agua a chubascos.

Hoy es distinto, hoy a Santiago, le llueve sobre mojado.

Fotografía DelOlmo