La Hablante

No con los ojos, no con la boca, no con el rostro. No, Viviana habla con las manos.
De sus dedos brotan una a una las letras construyendo inmensas constelaciones verbales. Escucharla es ser testigo de un vuelo literario. Los significados emergen modelados en la arcilla transparente del aire, cuidadosamente por sus dedos expresivos. Me gusta observar a Viviana mientras habla, dejarme acariciar por los movimientos verbales de sus brazos. Ella cuenta sus historias como volando, como pintando, como amasando.
Cuando está en silencio parece insignificante, diminuta, sus brazos se cruzan sobre sus faldas en un candado de palabras mudas, pero es tan diferente cuando se entrega generosa a la conversación, entonces sus manos vuelven a la vida y Viviana se llena de voz.
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Fotografía de Douglas Beasley

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